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¿Quién está pagando el reacomodo del poder mundial?

PRONÓSTICO RESERVADO | La lectura del día

20 de octubre de 2026

Por Gisela Ontiveros

Una crisis que no comenzó en Ucrania

Europa enfrenta una contradicción cada vez más difícil de resolver: necesita aumentar su capacidad militar mientras intenta recuperar su competitividad industrial, asegurar su suministro energético y sostener el bienestar de una población que envejece.

La guerra de Ucrania aceleró algunas de esas presiones. Pero las vulnerabilidades europeas comenzaron a acumularse mucho antes de febrero de 2022.

Durante décadas, el continente construyó una posición económica extraordinaria. Alemania consolidó una poderosa industria exportadora; Francia mantuvo capacidades estratégicas en energía, aeronáutica y defensa; Italia desarrolló una manufactura especializada. La Unión Europea convirtió además el tamaño de su mercado en una herramienta de influencia internacional, capaz de establecer exigencias comerciales, sanitarias, ambientales y tecnológicas.

Europa no solamente vendía productos. También establecía condiciones para quienes querían venderle.

Hoy ese poder enfrenta nuevas presiones.

La pregunta es si estamos observando una sucesión de crisis independientes o una transformación más profunda en la distribución internacional del poder.

Alemania: las decisiones que estrecharon el margen energético

En 2011, después del accidente de Fukushima, Alemania aceleró su decisión de abandonar la energía nuclear.

La medida respondió a preocupaciones de seguridad que llevaban décadas presentes en la política alemana. Sin embargo, tuvo una consecuencia estratégica: redujo una de las opciones disponibles para producir electricidad sin depender directamente de combustibles fósiles.

Paralelamente, Alemania mantuvo una importante dependencia del gas ruso, utilizado por su industria, su sistema de calefacción y parte de su generación energética.

La invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, alteró ese equilibrio. Las reducciones del suministro de gas ruso y la posterior destrucción de tramos de Nord Stream expusieron la vulnerabilidad de un modelo industrial que había contado con energía relativamente barata.

Las explosiones de septiembre de 2022 continúan siendo un asunto judicial y político delicado. Las investigaciones alemanas han señalado a presuntos participantes ucranianos, pero las responsabilidades penales y la eventual cadena de mando deben establecerse mediante pruebas y resoluciones judiciales.

En abril de 2023, Alemania cerró sus tres últimas centrales nucleares.

El país no se quedó sin electricidad. Las energías renovables aumentaron su participación y se desarrollaron nuevas infraestructuras de importación. Pero Alemania había perdido buena parte de su antigua relación energética con Rusia y, al mismo tiempo, había renunciado a mantener operativa su última capacidad nuclear.

La cuestión no es solamente si cada decisión tuvo una justificación.

Es si el conjunto de esas decisiones conservó suficientes alternativas para proteger la competitividad y la autonomía industrial alemana.

La industria europea frente a China y Estados Unidos

La pérdida de competitividad no es una preocupación exclusiva de los críticos de Bruselas.

En septiembre de 2024, Mario Draghi presentó un diagnóstico sobre el futuro económico europeo. Advirtió que las empresas de la Unión enfrentaban precios eléctricos considerablemente superiores a los de Estados Unidos y China, dependencias tecnológicas y dificultades para competir en sectores emergentes.

El automóvil permite observar el cambio.

Durante décadas, BMW, Audi, Mercedes-Benz y Volkswagen simbolizaron la fortaleza tecnológica alemana. Sin embargo, la transición hacia vehículos eléctricos abrió un nuevo terreno de competencia en el que China había invertido durante años.

En 2025, China concentró cerca de tres cuartas partes de la producción mundial de automóviles eléctricos, según la Agencia Internacional de Energía.

Esto no significa que la industria europea haya desaparecido. Significa que debe competir con fabricantes que cuentan con gran escala productiva, cadenas de suministro de baterías y una presencia creciente en los mercados internacionales.

Y aquí aparece una contradicción de política económica: Europa anuncia programas para fortalecer su industria mientras muchas empresas siguen enfrentando costos energéticos elevados y dificultades para invertir.

Apoyar financieramente a una industria no resuelve necesariamente las condiciones que están debilitando su capacidad para competir.

Ucrania: el conflicto y la nueva obligación presupuestaria

Rusia invadió Ucrania. La responsabilidad de esa decisión corresponde al gobierno ruso, y Ucrania tiene derecho a defender su territorio.

Pero el conflicto también plantea una cuestión diferente para Europa: ¿hasta dónde puede extender sus compromisos militares y financieros sin comprometer otras prioridades estratégicas?

Ucrania no pertenece a la Unión Europea. Su apoyo responde a decisiones políticas y de seguridad de los gobiernos comunitarios, que consideran que una expansión territorial rusa por la fuerza pondría en peligro el orden europeo.

La dimensión económica de esas decisiones es considerable.

La Agencia Europea de Defensa informó que los 27 Estados miembros gastaron 418.000 millones de euros en defensa durante 2025 y proyectó 454.000 millones para 2026. Es gasto militar total, no exclusivamente destinado a Ucrania.

A ello se suma un mecanismo europeo de préstamos de 90.000 millones de euros para apoyar a Ucrania durante 2026 y 2027, con una distribución indicativa de 60.000 millones para adquisiciones de defensa y 30.000 millones para necesidades presupuestarias.

Estas cifras reflejan una transformación de las prioridades europeas.

La seguridad exige recursos. Pero también los exigen la modernización industrial, la infraestructura, la investigación, la vivienda y los servicios públicos.

El problema aparece cuando todas esas necesidades compiten por una capacidad fiscal y política limitada.

La ruta del dinero: quién decide, quién financia y quién produce

Una guerra prolongada moviliza mucho más que ejércitos.

Moviliza presupuestos, deuda, bancos, empresas armamentísticas, fabricantes de componentes, sistemas logísticos y contratos de largo plazo.

Los gobiernos autorizan recursos. Las instituciones públicas estructuran programas financieros. Las empresas reciben pedidos. Los fabricantes amplían instalaciones y contratan trabajadores. Los Estados deben reponer inventarios y mantener sistemas cada vez más complejos.

Ese circuito puede responder a necesidades legítimas de defensa. También genera intereses económicos que merecen escrutinio.

La pregunta no es si vender armamento constituye automáticamente una conspiración.

La pregunta es quién obtiene los contratos, bajo qué condiciones, con qué márgenes y qué capacidad tiene la ciudadanía para supervisar esas decisiones.

Y hay un actor que no podemos dejar fuera: Londres.

El Brexit y la permanencia del poder financiero

En 2016, el Reino Unido votó por abandonar la Unión Europea. La salida se concretó en 2020.

Desde entonces, Londres dejó de estar sujeto a las obligaciones ordinarias de pertenencia a la UE, aunque permaneció en la OTAN y continuó participando activamente en la seguridad europea.

El Brexit no significó la desaparición de la City como centro financiero internacional.

Según el Banco de Inglaterra, el Reino Unido concentró el 37.8 % de la actividad mundial de negociación de divisas en abril de 2025.

Esto introduce una distinción estratégica: salir de una estructura política no implica abandonar los circuitos económicos y financieros que operan alrededor de ella.

El Reino Unido puede decidir sus compromisos de apoyo a Ucrania mediante mecanismos propios y participar en determinadas iniciativas europeas sin volver a ser miembro de la Unión.

Sin embargo, el tamaño de la City no demuestra que sus instituciones estén organizando la prolongación de la guerra. Para establecer esa relación sería necesario identificar operaciones, inversiones, contratos, beneficiarios y decisiones concretas.

Lo relevante es que el poder político europeo y el poder financiero internacional no se encuentran necesariamente bajo las mismas autoridades.

Migración, natalidad y capital humano: las presiones internas

Europa tampoco enfrenta únicamente una crisis exterior.

En 2015, la llegada masiva de solicitantes de asilo puso a prueba la capacidad de acogida, coordinación e integración de numerosos países europeos. Alemania desempeñó un papel central durante el gobierno de Angela Merkel.

Aquella decisión respondió a una emergencia humanitaria, pero también produjo debates políticos duraderos sobre vivienda, servicios públicos, integración y distribución de responsabilidades.

La migración no constituye por sí misma una pérdida económica: también aporta trabajadores y puede aliviar la escasez de mano de obra. El resultado depende de las políticas de integración, las capacidades locales y las características de cada mercado laboral.

A esta tensión se suma un problema anterior y persistente: la baja natalidad.

Eurostat informó que en 2024 la tasa de fecundidad de la Unión Europea descendió a 1.34 hijos por mujer.

Una población que envejece necesita sostener pensiones, servicios sanitarios y sistemas de cuidados con una proporción relativamente menor de trabajadores.

Si además determinadas industrias reducen inversiones o trasladan actividades, aumenta el riesgo de perder investigadores, ingenieros, emprendedores y especialistas.

No puede afirmarse que Europa esté sufriendo una fuga generalizada de talento sin comparar países, sectores y movimientos migratorios. También atrae profesionales del extranjero.

Pero la combinación de envejecimiento, competencia tecnológica y dificultades industriales introduce una pregunta de largo plazo:

¿Con qué trabajadores, conocimientos y recursos financiará Europa las obligaciones que está adquiriendo hoy?

Tres potencias, tres intereses diferentes

Estados Unidos, Rusia y China no necesitan perseguir un objetivo común para ejercer presión sobre Europa.

Estados Unidos es aliado militar de gran parte del continente y, simultáneamente, competidor industrial, energético y tecnológico.

Rusia utiliza recursos militares, energéticos y diplomáticos para perseguir sus objetivos estratégicos. La guerra también ha impuesto costos significativos a su propia economía y población.

China compite con Europa en sectores industriales decisivos, pero necesita mercados internacionales y mantiene importantes relaciones comerciales con el continente.

Sus intereses no son idénticos. Incluso pueden entrar en conflicto.

Por eso sería incorrecto presentar como demostrado que las tres potencias acordaron debilitar Europa.

Pero existe otra posibilidad que merece investigarse: que cada una aproveche, por razones distintas, vulnerabilidades europeas que se han acumulado durante años.

En ese escenario no hace falta una dirección única para que las consecuencias terminen concentrándose sobre un mismo territorio.

La hipótesis: ¿debilitamiento deliberado o acumulación de dependencias?

La secuencia es suficientemente importante para estudiarla.

Alemania reduce su capacidad nuclear. Europa enfrenta una crisis migratoria. El Reino Unido abandona la Unión. Rusia invade Ucrania. Se rompe una relación energética fundamental. Los gobiernos europeos aumentan el gasto militar. China avanza en industrias estratégicas. Y las sociedades europeas enfrentan problemas demográficos, económicos y políticos.

Estos hechos no prueban, por su sola sucesión, que exista un plan coordinado.

Pero tampoco deben analizarse como si sus consecuencias fueran completamente independientes.

La hipótesis de Pronóstico Reservado es que las vulnerabilidades europeas pueden estar siendo aprovechadas deliberadamente por actores externos y por intereses económicos que se benefician de una Europa con menor autonomía estratégica.

Para demostrar una operación concertada sería necesario encontrar evidencia adicional: decisiones coordinadas, comunicaciones, vínculos financieros, intervenciones documentadas o políticas diseñadas expresamente para producir ese debilitamiento.

Mientras tanto, hay una pregunta que ya puede responderse mediante indicadores concretos:

¿Está Europa ganando capacidad de decisión o está sustituyendo antiguas dependencias por otras nuevas?

El costo humano de perder autonomía

Detrás de los presupuestos militares, las estadísticas industriales y las negociaciones entre gobiernos hay sociedades que necesitan trabajar, pagar una vivienda, educar a sus hijos y construir un futuro.

Una familia no mide la autonomía estratégica en discursos diplomáticos. La mide en el costo de la electricidad, la estabilidad del empleo, la posibilidad de ahorrar y la confianza en que sus hijos tendrán oportunidades.

Una industria que deja de invertir afecta a sus trabajadores y proveedores. Un joven que no puede independizarse puede retrasar la formación de una familia. Un investigador que no encuentra oportunidades puede trasladar su conocimiento a otro país.

No todas esas dificultades son consecuencia de Ucrania. Pero la guerra puede agravar tensiones que ya existían.

Y por eso el resultado de la política europea no debería medirse solamente por el volumen de sus compromisos militares.

También debe medirse por las capacidades económicas y sociales que consigue preservar.

Escenarios: lo que puede quedar después de la guerra

Europa podría utilizar la crisis para fortalecer su industria de defensa, diversificar su energía, acelerar la innovación y reducir dependencias estratégicas. En ese escenario, el costo presente contribuiría a construir mayor autonomía futura.

También podría aumentar sus gastos y obligaciones sin recuperar competitividad, manteniendo dependencias tecnológicas y energéticas mientras crecen las tensiones presupuestarias y sociales.

Un tercer escenario combinaría avances en algunos sectores con deterioro en otros: una Europa más preparada militarmente, pero con dificultades para sostener su modelo industrial y de bienestar.

Ninguno de esos resultados está determinado.

Dependerá de las decisiones que se adopten, de la evolución de la guerra y de la capacidad de las sociedades europeas para exigir resultados.

Cierre | La seguridad que se paga con autonomía

Europa ha sobrevivido a guerras, crisis económicas, divisiones territoriales y transformaciones políticas profundas. Conserva instituciones, conocimiento, capital humano y capacidades industriales extraordinarias.

No es un continente indefenso ni condenado al declive.

Pero tampoco puede dar por garantizada su posición internacional.

La guerra de Ucrania ha puesto a prueba su seguridad. La crisis energética ha expuesto sus dependencias. La competencia industrial cuestiona su capacidad de innovación. Y el envejecimiento demográfico amenaza con convertir dificultades actuales en obligaciones de largo plazo.

La pregunta que queda no es si Europa debe defenderse.

Es si las decisiones adoptadas para defenderla están fortaleciendo realmente su autonomía o comprometiendo las bases que la hicieron poderosa.

Porque una potencia puede conservar sus fronteras, sus instituciones y su riqueza aparente mientras pierde capacidad para decidir su propio destino.

Y cuando eso sucede, el reacomodo del poder ya comenzó.

Pronóstico Reservado

El poder se reacomoda. Las consecuencias permanecen.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES

PRONÓSTICO RESERVADO | 20 de octubre de 2026

1. Comisión Europea — Informe Draghi sobre la competitividad europea (2024)

Diagnóstico sobre los desafíos industriales, energéticos, tecnológicos y económicos de la Unión Europea.

https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/draghi-report_en

2. Agencia Europea de Defensa — Gasto militar europeo y proyecciones para 2026

Información sobre el gasto de defensa de los Estados miembros de la Unión Europea, incluyendo las cifras de 2025 y las proyecciones para 2026.

https://eda.europa.eu/news-and-events/news/2026/07/16/eu-defence-spending—418-billion-in-2025–projected-to–454-billion-in-2026

3. Comisión Europea — Ukraine Support Loan 2026–2027

Información sobre el mecanismo de apoyo financiero de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania.

https://defence-industry-space.ec.europa.eu/eu-defence-industry/ukraine-support-loan_en

4. Ministerio Federal de Economía de Alemania — Finalización de la energía nuclear (2023)

Comunicado oficial sobre el cierre de las últimas centrales nucleares alemanas en abril de 2023.

https://www.bundeswirtschaftsministerium.de/Redaktion/DE/Pressemitteilungen/2023/04/20230413-deutschland-beendet-das-zeitalter-der-atomkraft.html

5. Agencia Internacional de Energía — Global EV Outlook 2026

Informe internacional sobre la producción, comercialización y competencia en el mercado de vehículos eléctricos.

https://www.iea.org/reports/global-ev-outlook-2026/executive-summary

6. Banco de Inglaterra — Encuesta trienal sobre los mercados de divisas (2025)

Datos sobre la participación del Reino Unido en los mercados internacionales de divisas y derivados financieros.

https://www.bankofengland.co.uk/news/2025/september/bis-triennial-survey-of-foreign-exchange-and-over-the-counter-interest-rate-derivatives-markets

7. Eurostat — Estadísticas de fecundidad en la Unión Europea

Información estadística sobre natalidad, fecundidad y tendencias demográficas europeas.

https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Fertility_statistics

8. Fiscalía General Federal de Alemania — Investigaciones y comunicados oficiales

Fuente institucional para consultar actuaciones relacionadas con investigaciones de segur

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